Trataré de ser muy conciso y práctico en la presentación de una de las enfermedades más crueles que sufre el ser humano por sus secuelas: LA DIABETES.
En ejercicio de la honestidad, que es uno de mis grandes principios, debo confesar que desde muy joven quise ser abogado para luchar por la justicia. Pero el destino no lo quiso. Dios había trazado ya mi destino: salvar a la humanidad, mediante su gran obra la naturaleza, del terrible flagelo llamado diabetes.